Por Claudia Ávila, Psicóloga Infantil.
Terminaron las vacaciones y comenzamos un nuevo
semestre escolar. Nuestros hijos vuelven a su año académico y con esto, las
pruebas, tareas y trabajos que muchas veces provocan ansiedad y frustración en los
estudiantes. Una de las formas para disminuir el estrés frente al estudio es
saber organizar el tiempo y utilizar buenas estrategias de estudio.
Frecuentemente los padres pensamos que a mayor tiempo
de estudio, mejores notas y mayor aprendizaje. Sin embargo, ¿estaremos en lo
correcto?
Es importante al saber qué cantidad no equivale
a calidad. Junto con esto, debemos saber que un niño no tiene el mismo
tiempo de concentración que tiene un adulto. Se calcula que: “por cada año de
vida de un niño tiene entre 3 y 5 minutos de concentración. Por ende, un niño
de 7 años por ejemplo, tiene un tiempo de concentración de entre 20 y 35
minutos.
Para el adulto el tiempo máximo de concentración es
de, en promedio, de 45 minutos; y un adulto entrenado puede aumentar este
tiempo a un promedio de 50-60 minutos.”
Por lo tanto, debemos considerar nuestros límites y
los de nuestros niños y no forzar el estudio más allá de lo que nos permite
nuestro organismo.
Pareciera fácil ir al colegio ¿no?, el adulto lo ve
casi como una recreación. Pero para nuestros niños y adolescentes es una
constante adaptación al medio ambiente escolar, en donde deben entender las
clases que se le presentan, concentrarse en lo que pide, dice y pregunta la
profesora, donde todo llama la atención y todo es de gran curiosidad,
etc.
Todo esto genera un cansancio mental, frente al cual
es muy importante descansar y distraerse. Brindarle al niño y adolescente un
espacio de 30 minutos para jugar, ver a sus amigos, practicar algún hobbie,
dormir o simplemente ver su programa favorito, permite que la mente se relaje,
la energía se libere y las tensiones disminuyan, para luego retomar las
actividades escolares.
Debemos ayudar a que el estudiante se tome un tiempo
de descanso cada media hora o 45 minutos y luego retomar el estudio. Este
tiempo debe ser efectivo, es decir, debe aprovecharse para liberar la mente,
distraerla y olvidar la materia que preocupa por un momento.
Existen formas para reconocer la falta de
concentración o el cansancio intelectual:
- Leo y releo varias
veces (más de 3) la misma frase sin poder entenderla.
- Empiezo a pensar en
otras cosas que no están relacionadas con el tema de estudio.
Esto indica que mi mente necesita un descanso y se
distrae para descansar sin que yo se lo permita. Al presentarse estos síntomas
¡es tiempo de tomar un descanso!
Lugar de estudio, otro factor importante
- Idealmente libre de la
mayor cantidad de distractores posibles como son, televisión, radio, paso de
personas u otros.
- Que sea un lugar
adecuado para el estudio, un escritorio o mesa firme y que sea, dentro de lo
posible, exclusivamente dedicado al estudio. Esto debido a que al ser en el
comedor o la cama, la persona lo relaciona a la comida/hambre o sueño
respectivamente, generando una distracción importante.
- En el lugar de trabajo
deben estar a la mano todos aquellos útiles necesarios para efectuar la tarea.
Debe contar con una silla cómoda y una mesa a la altura adecuada donde el niño
se siente cómodo.
¿Cómo
puedo ayudarlo a estudiar?
Es importante que como padres apoyemos a los niños al
momento de hacer sus tareas, lo que no significa que hagamos la tarea con ellos
ni menos hacerla por ellos. Se debe fomentar un hábito de estudio, en donde el
estudiante sea independiente y tenga conciencia de las consecuencias de sus
acciones también con las tareas.
Por ejemplo:
Hora de estudio: de 17:00 a 18:00 (no hay extensiones,
solo se puede acortar si es que el niño no tiene trabajo que hacer)
Realizar la tarea: 15 minutos.
Repaso: 20 o máximo 30 minutos.
En total son 45 minutos de concentración a lo máximo.
Una vez finalizados los repasos, estudios o tareas el
padre o padres/apoderado(s) responsables controlan que las tareas hayan sido
hechas, o que el estudio haya sido hecho con un corto interrogatorio
aproximadamente de 5 minutos.
Con estas recomendaciones acompañemos a nuestros niños
y adolescentes a su desarrollo personal, mediante la creación de hábitos y el
fomento de la autonomía. Es la etapa escolar en donde debemos ayudarlos a
construir bases sólidas para su desempeño futuro, y si observamos dificultades
en el aprendizaje y/o adaptación escolar, busquemos ayuda temprana para evitar
consecuencias negativas en la adultez.
